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Conservación
Estudiantes impulsan un ecorefugio para proteger a las abejas nativas de la Amazonía paceña

Estudiantes impulsan un ecorefugio para proteger a las abejas nativas de la Amazonía paceña

Impulsada por nueve estudiantes de agropecuaria del Instituto Tecnológico San Buenaventura, la iniciativa articula conservación, formación técnica y educación ambiental en torno a las abejas nativas de la Amazonía paceña.

En San Buenaventura, municipio de la Amazonía del departamento de La Paz, nueve estudiantes de agropecuaria del Instituto Tecnológico San Buenaventura convirtieron una práctica laboral en el vivero municipal en un ecorefugio que, de acuerdo con el equipo impulsor, reúne 28 cajas con 18 especies de abejas nativas y recibe a productores, estudiantes, autoridades y turistas interesados en conocer el papel de estos polinizadores en los bosques amazónicos.

La idea surgió tras los incendios forestales que afectaron San Buenaventura y sus alrededores en 2023, cuando la afectación de la fauna y el deterioro de los ecosistemas llevaron al grupo a preguntarse cómo contribuir a la conservación desde su formación técnica.

Marla Zenovia, estudiante de agropecuaria, recuerda que la propuesta tomó forma durante una conversación en el vivero, cuando el grupo se preguntó por qué no trabajar con abejas; la preocupación creció al observar los efectos de los incendios sobre distintas especies y dio origen al ecorefugio.

Con el acompañamiento de docentes y técnicos, y el apoyo de la FAO a través del Proyecto Bosques Sostenibles, financiado por la Plataforma Ambiental de la Unión Europea y Suecia, las estudiantes diseñaron un espacio para el rescate, la conservación y el manejo de abejas nativas.

La iniciativa pronto involucró a las comunidades cercanas, ya que cuando los habitantes encontraban colonias en sus chacos o parcelas, contactaban al grupo para que pudiera rescatarlas y trasladarlas al ecorefugio.

Con cada rescate aumentaron la diversidad del espacio y los conocimientos de las estudiantes, quienes durante las capacitaciones y el trabajo de campo comprendieron la relación entre las abejas y los bosques, así como los efectos de los incendios, la pérdida de cobertura forestal y otras intervenciones sobre el paisaje.

Según explica Marla, algunas especies, como la abeja señorita, pueden ingresar por su tamaño a flores pequeñas o profundas y contribuir a la polinización de árboles forestales y maderables, una función que refuerza el valor del ecorefugio como área de conservación de la biodiversidad local.

El proyecto también abrió una línea de aprendizaje y emprendimiento a partir de la transformación de la miel. Denilze cuenta que las estudiantes han aprendido a elaborar jaboncillos, pomadas, propóleo e hidromiel, productos que amplían las posibilidades de aprovechamiento de la meliponicultura y complementan las actividades de educación ambiental para quienes visitan el espacio.

El recorrido permite conocer las especies, observar el manejo de las cajas y visitar la vertiente que forma parte del área de conservación. Como escuela de campo, el espacio facilita además el intercambio entre estudiantes, productores y visitantes. “Ellos aprenden y nosotros aprendemos de ellos”, resume Marla.

La experiencia comenzó a ganar visibilidad fuera de la comunidad y, según Jhoana Manu, cada vez más personas se enteran de la iniciativa, entre ellas turistas que llegan para observar las abejas nativas y conocer el trabajo de conservación impulsado por las estudiantes.

Ese interés abre ahora una nueva vitrina para la iniciativa. Las estudiantes participan en el Séptimo Encuentro Departamental de Institutos Técnicos y Tecnológicos 2026, que se realizó el 1 y 2 de octubre en la ciudad de La Paz, donde compartieron la experiencia del ecorefugio con estudiantes, docentes, instituciones y representantes del sector productivo de todo el departamento.

Para Jhoana, uno de los desafíos es que el conocimiento permanezca en el instituto, pues aunque las nueves estudiantes están próximas a concluir su formación, quieren acompañar a quienes continúen el proceso y compartir lo aprendido.

El ecorefugio ocupa actualmente alrededor de media hectárea y tiene posibilidades de ampliación, señala Agustín Pérez, rector del instituto, quien plantea fortalecer su función turística, educativa y de sensibilización ambiental.

La visita concluye con una degustación de miel de señorita y de erereu, una muestra de la diversidad que las estudiantes buscan conservar y dar a conocer.

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