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Conservación
Donde hubo degradación, vuelve a crecer el bosque y también la economía familiar

Donde hubo degradación, vuelve a crecer el bosque y también la economía familiar

En Belmonte, municipio de Cobija, 11 productores acompañados por Bosques Sostenibles enriquecen áreas degradadas y recuperan servidumbres ecológicas junto al río Acre con castaña, cacao, copoazú, asaí, café y otras especies. La experiencia busca recuperar funciones del bosque y, al mismo tiempo, generar alimentos e ingresos que hagan sostenible su conservación.

En la parcela de Jhon Maicon Medina, en Belmonte, recuperar un área degradada no significa simplemente volver a plantar árboles. Significa pensar qué especies pueden convivir, cuáles producirán primero, cuáles necesitarán años y qué parte de la vegetación existente todavía puede ayudar a a reforzar las servidumbres ecológicas y reconstruir el sistema.

La importancia de trabajar en el sistema tiene bastantes beneficios porque las plantas se ayudan entre sí. No hay solamente una sola planta como si estuviésemos hablando de un monocultivo”, explica Jhon. En su parcela conviven especies productivas con árboles y plantas del bosque secundario que aportan sombra y hojarasca al suelo.

Es una de las experiencias que acompaña el proyecto Bosques Sostenibles, que trabaja desde la conservación de los ecosistemas amazónico y chiquitano y el fortalecimiento de medios de vida sostenibles, inclusivos y resilientes al cambio climático.

Marlene Soria, técnica de FAO en Pando, explica que en Belmonte participan 11 beneficiarios y que no existe un único diseño para todas las parcelas.

Trabajamos dos tipos de sistemas agroforestales: multiestrato y secuencial. Tienen sus particularidades principalmente en el diseño”, señala. En términos sencillos, unos combinan especies de distintas alturas y otros consideran también el tiempo de producción: mientras algunas plantas pueden ofrecer alimentos o productos más rápidamente, árboles como la castaña crecen pensando en el largo plazo.

Cacao, copoazú, asaí y ahora también café y castaña forman parte de esas combinaciones.

El punto de partida son espacios degradados o intervenidos que pueden ser enriquecidos para recuperar progresivamente cobertura, diversidad y funciones del bosque, al tiempo que se incorporan especies con valor para la economía familiar. El enfoque no se limita a restablecer determinados procesos o servicios ecosistémicos, sino que busca avanzar hacia una recuperación más integral de la estructura, funcionalidad y productividad biológica del ecosistema.

En Belmonte, el acompañamiento técnico se realiza directamente en campo, donde productores y especialistas revisan el desarrollo de los plantines y comparten conocimientos para fortalecer los sistemas agroforestales y la recuperación de áreas degradadas.

Trabajar sin quemar esencial para recuperar la vida

Jhon comenzó a trabajar junto a su familia en una hectárea de bosque secundario en 2017. Abrió brechas y comenzó a incorporar especies sin utilizar fuego. Más adelante, el acompañamiento de FAO fortaleció una práctica que continúa desarrollando hasta hoy. Él la llama su “chaco sin fuego”.

Toda la materia orgánica está concentrada ahí, no se la llega a perder. ¿Por qué razón? Porque no se utiliza el fuego”, explica. Para Jhon, mantener hojas, ramas y biomasa sobre el suelo permite que ese material se descomponga y vuelva a incorporarse al sistema. Esta cobertura permanente contribuye a conservar la materia orgánica, retener humedad, regular la temperatura del suelo y favorecer la actividad biológica que sostiene su fertilidad.

La diferencia también la observa en la vida que permanece alrededor. “Tenemos aves que ya están permaneciendo porque hay bastante fruta. Tenemos también chancho de monte, monos”, relata.

La diferencia también se observa en la vida que permanece alrededor. A medida que la parcela recupera cobertura y diversidad vegetal, ofrece mejores condiciones para la fauna, cuya presencia contribuye a procesos ecológicos como la dispersión de semillas, la polinización y el control biológico.

No lo plantea como dejar sin tocar un espacio degradado, sino como ayudarlo a recuperar funciones mientras vuelve a ser útil para la familia.

No lo estamos forzando, más bien estamos tratando de acomodar”, resume.

Vista aérea de una parcela en Belmonte, donde los sistemas agroforestales combinan cobertura boscosa y cultivos para recuperar áreas intervenidas y mantener la diversidad del paisaje.

Producir las plantas que permitirán seguir recuperando

Marlene explica que el acompañamiento incluye también poda, injertos, manejo de las especies y producción de plantines. En la propiedad de Jhon funciona un vivero familiar que para esta gestión proyecta una capacidad aproximada de 2 500 plantines, entre castaña, café, copoazu y otros.

Para Jhon, tenerlos allí cambió algo muy concreto. “Anteriormente estábamos comprándolos. Ya no los vamos a comprar, ya los tenemos acá”, explica. El proyecto apoyó con materiales, bolsas y semillas, mientras la familia aporta el trabajo cotidiano.

Jhon fue enfermero antes de hacer de la parcela su forma de vida. Esa experiencia todavía se percibe en su manera de trabajar: habla de dosis, horarios, seguimiento y cuidado con naturalidad.

Pero también deja claro que no empezó de cero con FAO. “Yo trabajaba por mi parte acá en esta parcela. Tengo conocimiento también de lo que es el manejo de las plantas, el tema agropecuario lo entiendo un poco”, explica. Lo que destaca del acompañamiento es la posibilidad de fortalecer y ampliar aquello que ya venía intentando.

Plantines producidos en el vivero familiar de Belmonte serán utilizados para enriquecer parcelas y apoyar la recuperación de áreas degradadas y servidumbres ecológicas.

Proteger también las orillas del río

Belmonte se encuentra a orillas del río Acre, y parte del trabajo de la comunidad se extiende hacia las áreas de servidumbre ecológica que acompañan su curso. Allí, las familias han comenzado a establecer especies nativas como castaña y asaí, entre otras, con el propósito de fortalecer la cobertura vegetal y contribuir a la protección de espacios importantes para la flora y la fauna.

La acción conecta la producción con una mirada más amplia del territorio: enriquecer las parcelas, pero también conservar las áreas que ayudan a mantener el bosque y proteger el río.

La experiencia de Belmonte es muy interesante porque combinas técnicas de restauración de ecosistemas y gestión territorial, basadas en la regeneración de especies. Este enfoque contribuye a fortalecer las servidumbres ecológicas y los sistemas productivos de la agricultura familiar, por su productividad, resiliencia frente al cambio climático y capacidad de captura y almacenamiento de carbono”, explica Víctor Yapu, coordinador del proyecto Bosques Sostenibles. 

El río Acre forma parte del paisaje de Belmonte, donde las familias trabajan también en la recuperación de las servidumbres ecológicas con especies nativas para proteger el bosque y su biodiversidad.

La castaña que no quería plantar

La castaña muestra especialmente bien ese proceso. Jhon reconoce que al principio no estaba convencido. La asociaba con una recolección difícil y con resultados demasiado lejanos.

Marlene y otro técnico con experiencia en la especie conversaron con él hasta que decidió probar. “Vinieron y me animaron, y ahí también yo me animé”, recuerda.

Hoy tiene 150 plantas jóvenes de castaña distribuidas en cuatro hectáreas. Sabe que la apuesta exige paciencia. “Estamos hablando de diez años; entonces vamos a poder recién recolectar los primeros frutos”, explica.

El productor que inicialmente dudaba de este coloso amazónico ahora quiere seguir incorporándolo junto a otras especies forestales y productivas.

Para Soria, esa combinación es precisamente parte del objetivo: que la recuperación ambiental pueda ir acompañada de alternativas que aporten a la economía familiar y hagan posible mantener esos sistemas en el tiempo.

El trabajo alcanza además la servidumbre ecológica próxima al río Acre, donde se realiza enriquecimiento con especies forestales maderables y no maderables, entre ellas la castaña. Así, restauración, producción y conservación dejan de aparecer como acciones separadas.

El bosque nos enseña

Jhon y su esposa llegaron a Belmonte durante el periodo de la COVID-19. Entonces incluso personas cercanas dudaban de que se adaptarían a la vida en el campo. Para ella, imaginar una vida permanente allí tampoco era sencillo.

Hoy la parcela es parte de su hogar. Y Jhon piensa cada vez más en plazos largos. “El bosque nos enseña cómo debemos cultivar”, dice. “Lo que no hay, lo estamos insertando”.

Su idea de conservación termina siendo extraordinariamente práctica:“Ya que tenemos acá, ¿para qué matarlo? Más bien acondicionarlo, más bien aumentarlo”.

Para Jhon, el bosque es además alimento, seguridad para su familia y posibilidad de generar excedentes para vender.

En Belmonte, esa puede ser una de las claves para que la restauración perdure, que un área degradada vuelva a ganar diversidad y funciones del bosque, pero también valor para la familia que deberá cuidarla cuando el proyecto ya no esté allí.

El Proyecto Bosques Sostenibles es implementado por FAO en coordinación con el Ministerio de Planificación para el Desarrollo y Medio Ambiente, cofinanciado por la Plataforma Ambiental de la Unión Europea y Suecia.

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